Venezolana controlaba un negocio de explotación sexual en un chalet de Madrid con 21 víctimas

En el tranquilo distrito de Salamanca en Madrid, un aparente chalet de lujo escondía un secreto. Dos denuncias anónimas, provenientes del norte de España, llevaron a la Policía Nacional y la Guardia Civil a investigar un presunto caso de trata de personas. Tras tres años de vigilancia discreta, las autoridades lograron desmantelar lo que podría considerarse el mayor local dedicado a la prostitución en la capital española.

En el subsuelo del inmueble, en el sótano, se encontraba un sombrío escenario donde hasta 30 mujeres, en su mayoría provenientes de Latinoamérica y traídas a España en avión, vivían en condiciones inhumanas. Bajo el control de una mujer conocida como ‘Pitufina’ de nacionalidad venezolana y sus hijas, apodadas ‘las mamis’, las víctimas eran forzadas a someterse y hacer lo que les ordenaban sus captores.

El modus operandi de esta red de trata era cruel y sofisticado. Las mujeres, al llegar a España, firmaban un contrato que las obligaba a permanecer un mínimo de tres semanas en el chalet, donde se les imponían condiciones draconianas. No se necesitaban cadenas ni agresiones físicas; la esclavitud estaba impuesta por el miedo, las deudas ficticias y la adicción a sustancias.

El negocio era gestionado por las hijas de ‘Pitufina’, quienes se turnaban para vigilar y administrar. Además de obligar a las mujeres a realizar servicios sexuales, también las obligaban a transportar drogas utilizando una red de chóferes particulares de la organización. El chalet, supuestamente dedicado a la prostitución, operaba las 24 horas del día, siete días a la semana, sin descanso.

La red, bien planificada y organizada, controlaba cada aspecto de la vida de estas mujeres, desde sus paseos al exterior hasta la ropa que debían llevar para resultar más apetecibles.

La Patilla

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